13 de febrero de 2010

Instante nº 9



 













Y por alguna razón que desconozco aquella noche no acudí al baile de los sueños rotos.  Solo recuerdo que al abrír los ojos una pandilla de burbujas rabiosas escapó de mi cabeza y pocos minutos después me descubrí levantándome del suelo y sacudiéndome el polvo del vaquero.
Que extraño es alcanzar el umbral de donde no se regresa y no sentir miedo alguno, pero así fue. No sentí frío, ni temor, ni prisa, ni flema. Un montón de imágenes elegantes y sin sentido desfilaron ante mí como en un cuento de circo mientras un caballo blanco permanecía a mi lado, señalándome con el morro salvaje y mirándome con ojos de gas, oscilando las delanteras sobre el suelo de barquillo y agitando el humo de su pelambrera sobre mi cuerpo tendido en el suelo. Después huyó al galope, aplazando nuestra despedida, aunque yo sé que cuando un adios se aplaza siempre se vuelve.
Ahora cada vez que oigo hablar de ella como de un prodigio recuerdo que es tan impar como cada uno de nosotros y que una caída primorosa nos aguarda, un derrumbe sublime.

070110


Música de Psyche: https://youtu.be/RDoxUEId3nE