14 de abril de 2011

Instante nº 57






En la capilla del error resuena el eco atolondrado de cada equívoco que se repite sin que interioricemos su lección, sin que asimilemos su sentido. Cada maltida equivocación es una cosecha que resbala por la superficie impermeable del ser sin que penetre en la raíz de nuestro bastidor y que se disuelve antes de llegar, entre melancolías pálidas y calles sin perspectiva. Y volvemos a errar y volvemos a olvidar, hasta que llegan las ganas de arrojar lastre, de aligerar el peso de su acertijo. Entonces nos alejamos de la flaqueza con abrazo demorado y aparcamos toda la responsabilidad de nuestro diario entre lumbres de hogueras abatidas. 
Pero no hay error inútil ni falta que no nos haya vivido y cada error es tan valioso como tranquilizador y traicionero su olvido.
Mañana cuando giremos la vista hacia atrás miraremos la suma de zancadillas con cara perpleja y mirada torcida, sin entender que en lo más hondo de nuestro revés se ha tramado un tejido de verdades ignoradas, forjada con certezas mudas y caídas inútilmente aprendidas, algo que ya deberíamos retener pero que una vez más habíamos olvidado.


Música de Duran Duran:  https://youtu.be/7u4Rg_9JsMw