9 de septiembre de 2011

Instante nº 64

Me asomo a la ventana del hotel, piso 34. Me siento en el alfeizar y apoyo la cabeza sobre el cristal de la madrugada mientras Alexanderplatz se despereza bajo un cielo que parece que va a desmayarse de un momento a otro. Es el último día que pasamos aquí y mientras miro por la ventana pienso en ti aunque te doy la espalda. Pienso en tu mirada que ya no es oblicua sino directa y ancha, en como te muestras sin contornos velados, en la parálisis de una ternura hermética que a veces resulta lacerante y de repente se derrama, ¿y si no consiguieras decepcionarme?. Pienso en tus alas, que cada día son menos tristes, en mi memoria de pez ausente, en tu pico de verano, en mi embrollo de manos blancas, en tu humor atrevido, desmarañado y en todos los disparates que nos hemos inventado. Pienso en ello y me hace gracia. Permanezco al pie de su ecuación como una niña dispuesta siempre al juego y no lo hago por ingenuidad o testarudez sino porque así lo he elegido, tal vez para que todo esto tenga sentido, tanto si es verdadero como inventado, o tal vez para que vaya siendo, sea lo que sea y sobreviva a nuestra memoria atolondrada. El bautismo de un diario, el diario de nuestro museo.




















 
Música de Trentemoller: https://youtu.be/Vk63F964MN8